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La Octava Maravilla del Nuevo Mundo: Capilla del Rosario

La fachada austera de cantera gris del templo de Santo Domingo no revela la opulencia que encierra en su interior. Apenas entres, te encontrarás frente a una obra maestra de la arquitectura y la decoración barroca. El magistral retablo del altar mayor, el púlpito de ónix y el trabajo en yeso y hoja de oro contribuyen al extravagante decorado, característico del estilo barroco mexicano. Sin embargo, es la Capilla del Rosario, que se encuentra en el lado sur del altar mayor, la que muestra la ornamentación más suntuosa del interior de esta iglesia.

La iglesia de Santo Domingo fue construida a finales del siglo XVI y la capilla, entre 1650 y 1690. Es la primera en México dedicada a Nuestra Señora del Rosario. Los dominicos le guardaban gran devoción, pues la tradición cuenta que la virgen le obsequió el rosario a Santo Domingo, fundador de la orden. Otro monje de la misma orden, Fray Juan de Cuenca, concibió la capilla como una forma de mostrar la veneración de los dominicos hacia esa invocación de la virgen, aunque también fue una herramienta en el proceso de evangelización.

Las esculturas de ornato, las pinturas y el detallado trabajo en hoja de oro recubren cada centímetro de la capilla y crean un efecto deslumbrante; por esta razón, se llama a este sitio “la casa dorada”. Las ventanas del nivel superior bañan de luz natural el interior del recinto, provocando un exquisito resplandor dorado. Las imágenes de la capilla representan a la Virgen María, la vida de Jesús o la orden dominicana. El sagrario situado en el centro de este adoratorio contiene una imagen de Nuestra Señora del Rosario rodeada por columnas de mármol; en el segundo nivel podrás apreciar una imagen de Santo Domingo junto con el arcángel Gabriel.

Ha sido considerado como la octava maravilla del nuevo mundo y nombrado como “relicario de América” por el Papa Juan Pablo II en 1979.

Fue la primera Capilla dedicada a la virgen del Rosario que se construyó en México, como signo de la gran devoción al rosario de los Dominicos profesaban también para enseñar a los fieles a rezarlo, promoviendo el arte visual para educar al pueblo.

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